Ellas, las letras, las canciones.

Esas pequeñas partes de mí, las distintas versiones de lo que podría llegar a ser, se han ido desvaneciendo.

Las enumero mirándote desde aquí, en una de esas ausencias en las que me tienes cerca pero sabes que de tu cuerpo, lejos.

Giro con los dedos anular e índice los hielos de esta copa, mientras miro las grietas de tus labios cantar lo que te gustaría gritar para conocerte.

Intento llegar hasta ti, a través de esos ojos que dicen que te quieres solo un poco.

Me da miedo reconocerme en tus letras, me canso de las arrugas que deja en mi piel las sabanas de un mal sueño.

Tengo frío algunas noches, pero soy yo la que escogió este invierno.

Saltar bien lejos, ese fue el pacto.

No hubo promesas de futuro, tan solo la canción en bucle de este presente, que ahora me mantiene en movimiento.

Este cauce calle abajo y sin destino, me salva la mente, me deja en calma,

y me descubro por calles vacías o por calles abarrotadas sonriéndole a mis olvidos,

y me sano poco a poco con estos pasos, que no van siempre al mismo lugar, pero que nunca fallan para reconfortarme.

Vivir o compartir.

Valorar lo que tienes y a quién se encuentra a tu lado, requiere un proceso de consciencia e implicación.
Si no sabes cómo, no lo crees importante, o no tomas consciencia, lo natural es, que quién sí valora su entorno, tienda a alejarse de aquello de lo que no obtiene nada.
Porque para algunos, las personas vacías, ni aportan, ni generan, ni merecen.
Si surgen en este punto emociones ante la consciencia de una perdida, de una falta, de un “te extraño”, mirándolas de cerca, verás que son formas de crecer, y aprender reacciones interiores hacia ti mismx, hacia conocerte.
La cuestión es que la vida sigue frenéticamente, y es una elección a tomar. ¿Con quién quieres compartirla?

Momento.

Intento encontrar una explicación, pero no llega.
Decir lo obvio no haría que se comprendiera, pero sí lo haría cierto.
Me he reencontrado, y vuelvo a estar en el punto de partida.

Imagino que la felicidad se queda muda, por eso no es capaz de contarme que sucede.

No ocurre nada, y ayer no era un día especial.
Era un día como cualquier otro, pero me encontré conmigo misma, y con alguien, que me enseñó que todo fluye fácil.
Y es así.

Fue ese el momento, en el que las heridas estaban cerradas, y yo…Deseando echar a volar.

LLEGAR HASTA EL FINAL, SEGÚN BUKOWSKI.

Quizás lo haga a destiempo o tarde, pero llego dónde quise estar alguna vez.
Suturo con palabras heridas abiertas.
Quemo todos los sobres que no abrí y encerré en cajones polvorientos.
Olvido, a conciencia.
-Pero llega hasta el final, me dice-
Y eso hago, llego hasta el final. Salto.
Y no pido la escalera que me devuelva a dónde no fui feliz.
Nadar a la deriva a veces deja una paz cálida.
Si vas a hacerlo, no lo hagas con miedo, no vale la pena, ya te lo advierto.
Siente que es lo que necesitas, sal ahí fuera, grita. Calla. Llora. Baila.
Actúa : vive.
Porque sea lo que sea, si lo sientes, habrás de llegar hasta el final.

Ciudades despedida.

No era la primera vez que te veía por la ciudad, y corría tras tus pasos para pararte y saludar.
El otro día volví a verte, y no acerté a mover mi cuerpo hacia ti.
Para situarme en tu perspectiva, reviví aquellos momentos, en los que también me han hecho girar, y enfrente del freno que causaba parar mi empuje, me deslumbraba una sonrisa que llevaba tras de sí una intención, una idea, un recuerdo mío.
El otro día, no grite tú nombre en plena calle, tampoco fui tras tus pasos para parar tu rumbo.
Sentí, que no tenía ni intenciones, ni ideas, ni recuerdos, ni sonrisas con los que deslumbrarte.
Ni fuerzas para crear cualquier efecto que se le pareciera.
En plena calle, con el frío agrietando mi cuerpo, y tu figura alejándose, fui consciente, de que aquello que se iba, se marchaba también de otro lugar de mi cuerpo.

Ecos.

No diré que ha sido iniciativa mía,que ha surgido espontáneo.

He leído algo que era tan verdad, que ha resonado dentro de mí, y ahora, estoy escribiendo el eco de esa sensación.

No tengo claro porque nunca te escribí para saber qué pasaba, a qué se debía el desconcierto que causó que pasáramos del todo a la nada.
Por fin, he conseguido olvidar todo lo que conllevó tenerte.
Y ahora te escribo sólo porque alguien me ha recordado lo que fuimos, alguien que no me conoce, pero que afirma que expresaba más con una mirada, que con mil palabras gritadas a quién fuera.
Y eso éramos tu y yo, ya lo dejé escrito en su momento.
Pero ahora, simplemente me apetecía escribirte, decirte que tu falta de criterio causó daño, un daño que después de los meses se convirtió en indiferencia.
Que dejaste de importarme y fue un proceso triste, el de cerrarte.
Así, leerte fue pensar que llegabas tarde, y que lo que cerré, ya no quería volver a abrirlo para pegar los trozos que dejaste desencajados.
Por eso te escribo ésta vez.
Porque creo que no llegaste a comprender, que rompiste en todos los pedazos posibles nuestro recuerdo y creaste algo horrible de todo lo bueno que me diste.
Que cuando llegaste ya no importaba nada.
Y que cuando te pedí cerrar tu llegada de nuevo, realmente deseaba que no volvieras a pisarme más aquí dentro.

Y aún con esas, entre el fuego abierto de nuestras palabras, intenté librar lo que pude, ponerlo a salvo, y guardarlo. Para que quedara algo.

Un momento, una foto, un silencio, un instante, con el que poder recordar esa esencia que creamos y que me hizo ser, y acercarme más a mi.

Para que cuando quiera cerrar los ojos, aún tenga la libertad de recordar, que cuando todo era caos, llegabas tú.

Que aunque quisieras tener la última palabra y el penúltimo gesto herido, yo supiera, que estaba salvando con mi silencio de nuevo, aquello que me hizo feliz .

Minientrada

INTENTANDO COMPRENDER

 

(…..)

 

Solo que ahora, me quedo con esas ganas que siguen ahogadas,

dando bocanadas a destiempo, inspirando un aire que no acaba de ser puro.

Y  en medio de este mar abierto, de este mar que por dentro sigue embravecido,

no puedo permitirme subir a botes que no estén dispuestos a llevarme hasta la orilla.

Y en verdad todo comenzó por ese  impulso que se quedó a medio camino,

entre las ganas de evadir o no, el incendio.

Y ahí seguimos, mi corazón y mi cabeza, en un balanceo continuo,

entre arriesgar o no,

en una retirada continua,

huyendo del humo que causó este desconcierto.